Me veo en la suma necesidad de escribir… escribirte,
De perderme en mis noches de vigilia y no lo logro, tan sólo me frustro.
No conozco tu rostro y nunca lo haré, tampoco lo quiero hacer;
Pero imagino, vivo de suposiciones, entonces eres de sexo femenino,
Convirtiéndote en a veces amiga, en otras mi peor adversario.
Al final solo lo sueño y me lo creo.
Eres fugaz y eterna.
Vives a cuestas de mi desespero.
Tienes un nombre indigno de tu egoísmo, silencio.
Busco tu sinónimo ideal, sin embargo, dudo que prudencia, misterio o
Discreción sean acordes a tu magnificencia aunque seas todas aquellas.
Entonces fracaso, fracaso a sabiendas de que mi vida está saturada de estos,
Como el que será este intento de poema envenenado o tal vez prosa o tal vez
nada, tan solo es eso. Sí, eso -me digo – un intento. Otro fracaso.
Te diré que muero de odio, aquel que nace cada vez que me jodes la vida,
Que me carcome de manera sanguinaria y grotesca; asimismo te en envidio
Porque estas más con ella que cuando estoy con ella.
Es vano juzgarte, las palabras se me escapan y aun no te digo nada concreto:
cínica y desvergonzada.
Me matas tan lento como tu placer lo desee, pero yo te mato a ti, sencillamente,
Porque ante mis deseos tu existencia es efímera.
Porque me temes más de lo que yo te respeto a ti.
Silencio.
Escrito por: Mateo Andrés Caballero