Horas inexplicables de espera y agonía,
días vividos de aquellas palabras que dan vida
Quiero ser dueño de tu destino
Cubrir de besos todo apatía
Soy solo aquello que vive para ti
y no pretendo descansar y tomar tu tiempo
Concédeme el privilegio de añadir
agua de vida, agua que quita esa sed que tu cuerpo anhela.
Quiero cuidar de tu presencia
sin dejar de pasar tan dulces paisajes
que no han sido más que destruidos y dañados
haciendo perder el valor
que en verdad posees sin mis versos
Eres manantial en el desierto
paraíso escondido en elocuentes letras
no existe precio ni peso para poder describir
mi necesidad de tu respirar.
Mi paciencia limita en tus fronteras
la cual llena de tierras mis testamentos,
impredecible Lucero, pinta los cielos
con historias de amor, relatora de encantos.
Te extraño vida mía
sin tus palabras quedo muerto en vida,
desaparezco en la grandeza del pasar de cada hora
insinuándose un mañana sin ti ni tus besos
Te espero en la larga noche que me acompaña,
al igual que la Luna espera tu llegada
contando mis secretos y escuchando sus elogios
quema y abraza aquel perdido en tus cabellos y lamentos.
Te extraño como náufrago a su amor.
Te extraño como niño los cuentos de sus progenitores.
Sé aquella Musa que canta mil amores
reconociendo en ella el mejor de los amores.
Aprecia mis palabras niña mía,
guárdalas como la plata los deseos del avaro
mi tiempo, mis latidos y palabras
como sueños reales cumplidos con amor.
Por: José Coparropa (Ig:manueell_)